Del Colegio Arenas Atlántico a Harvard

Desde el Colegio Arenas queremos felicitar a nuestro antiguo alumno Miguel Marín Rodero por los logros alcanzados desde que terminó sus estudios de Bachillerato Internacional en nuestro Centro y se adentró en la vida universitaria.

8 jul. 2019

 El más reciente de estos logros ha sido el Máster en Inmunología en Harvard Medical School, estudiando cómo el sistema inmune es capaz de atacar agentes foráneos, pero reconocerse a sí mismo, y cómo modula la actividad cerebral y el comportamiento.

Miguel Marín es médico, y este Doctorado en Inmunología en la Universidad de Harvard ha impulsado enormemente su formación, que estamos seguros continuará acrecentando y le proporcionará nuevos éxitos.

¿Cómo ha sido tu trayectoria profesional?

“Tras realizar mis estudios de Secundaria y Bachillerato en el Colegio Arenas Atlántico, decidí hacer medicina. Quería hacerlo en la Universidad Autónoma de Madrid, pero me quedé a solo 0.01 de la nota de corte. Entonces me fui a la Universidad Autónoma de Barcelona, y es lo mejor que me ha podido pasar nunca. Tas acabar medicina, tuve dudas de si realizar el examen de acceso a la residencia (MIR) o probar la investigación durante más tiempo (pues ya en Barcelona había hecho estancias de hasta 6 meses en laboratorios), y un máster durante los dos últimos años de carrera. Decidí arriesgar un poco y "cruzar el charco" para estudiar otro máster en Harvard, que he acabado este año gracias a la Beca de Excelencia de la Fundación Rafael del Pino y al Real Colegio Complutense”.

¿En qué ha influido tu paso por el Colegio en tu trayectoria académica?

El Colegio ha sido la base para mi desarrollo posterior. Sin duda, hay tres personas que me marcaron para siempre y que llevaré conmigo en cada momento: mi tutor durante varios años, Felipe Jiménez,  por su paciencia y por estar siempre en la sombra,  apoyándome y ayudándome sin que me diese cuenta; a Fran, profesor de matemáticas,  que no solo me enseñó esta disciplina, sino también a comprender y aceptar que si se quiere profundizar en el conocimiento de las cosas, hay que trabajar mucho más; y, por último aunque la más importante, a mi profesora de biología Delia Navarro, simplemente por dejar que la llama de la investigación y la ciencia prendiese en mí, y no apagarla con el pretexto de que lo que hacía no correspondía a lo que tenía que hacer, sino motivándome a seguir por mí mismo e intentar nuevas cosas,  apoyándome e implicándose siempre ella misma; y sentir que yo tenía libertad para probar, fallar y seguir probando”.